La muerte de un hijo: impacto en la pareja

Ante el ‘tsunami’ del duelo 

 
 “Es común que las parejas enfrenten conflictos tras la pérdida de un hijo. Las razones son variadas y complejas” 
 
La muerte de un hijo o una hija es una de las experiencias más duras, difíciles y dolorosas que puede sufrir un ser humano. En muchas ocasiones, dependiendo de cómo haya ocurrido el fallecimiento, los padres se sienten responsables de no haber protegido suficientemente a sus hijos, y su pérdida, suele ser vivida como un fracaso y con una gran culpabilidad, por ello es frecuente que la muerte de un hijo produzca tensiones y conflictos en la vida de pareja. El dolor no se vive ni se expresa de la misma manera. Muchos creen que su pareja no siente el dolor de manera suficiente o al contrario, que está exagerando el sufrimiento. Cuesta comprender que el dolor tiene siempre un componente individual, subjetivo e intransferible.

 Las parejas deben aprender a respetar sus dolores y la manera de vivirlo y expresarlo, de otro modo, habrán de enfrentar no solo el duelo de la pérdida de un hijo, sino el desgarro de un conflicto de pareja.

ALGUNOS CONFLICTOS Y TENSIONES QUE SE GENERAN EN LA PAREJA
 
Dificultades para aceptar que la pareja viva la pérdida a su manera. Un miembro de la pareja puede sentir, por ejemplo, que al otro no le ha afectado tanto la muerte porque no llora o porque no quiere hablar del fallecido. A veces, la necesidad de parecer fuerte, puede interpretarse por el otro como falta de interés.

 Culpar a la pareja. Es frecuente que uno de los miembros de la pareja piense que el otro es de alguna manera responsable de la muerte. Esto suele traducirse en reproches continuos o en sentimientos de impaciencia e irritabilidad hacia el otro. Entre las parejas que han perdido un hijo es muy frecuente escuchar: “deberías haber hecho...”, “si hubieras sido…”, “tendrías que haber...”, “por culpa tuya”. Lo cierto es que nadie en su sano juicio actúa de manera tal de provocar la muerte de un hijo, por lo tanto, dichas frases son tremendamente destructivas, destruyen la relación de pareja y ahondan en la crisis.  “La culpa, la que sea, es siempre un callejón sin salida, oscuro, en el que, irremediablemente, nos estrellamos. Como un parásito, se adueña de nuestra mente hasta que enfermamos. Con la culpa como compañera de viaje es imposible avanzar porque nos remite siempre al pasado” .  (Mercé Castro Puig, periodista catalana)  

 Falta de sincronicidad. No solo se vive el dolor de forma distinta, también, se experimenta en momentos distintos. En un primer instante uno de la pareja tiende a ser fuerte, protector y consolador. Eso implica no darse permiso para expresar sus emociones con la misma intensidad que su pareja. Al pasar el tiempo dicha persona, puede comenzar a revivir el hecho y expresar el dolor, como no lo hizo antes. Esta falta de sincronización produce en muchas ocasionesconflictos de pareja, porque el que está empezando a recuperarse no entiende que su pareja esté en otro momento vivencial, incluso depresivo. Puede ocurrir que la pareja no viva al mismo tiempo los momentos de mayor dolor o las recaídas. Esto puede crear la sensación de que uno siempre está inmerso en el dolor, y puede contribuir a que se eviten el uno al otro en los momentos difíciles, para no recaer en el sufrimiento.

 Las relaciones sexuales. Una faceta que se tiende a obviar es la vida sexual. En este contexto ocurren dos fenómenos opuestos. En las relaciones sexuales, puede ocurrir que las necesidades de uno incluso aumenten, mientras que las del otro disminuyan o desaparezcan. Esto puede ser fuente importante de conflictos. El hombre, en general, tiene una sexualidad más genital, y es capaz de separar el deseo sexual de su situación emotiva. La mujer puede sentirse incapaz de desear, si está triste o enfadada. Es perfectamente natural querer disfrutar de vez en cuando del sexo y otros placeres, los momentos de dolor ya vendrán por si solos.

 Negación de la muerte de un hijo: Uno de los senderos transitados por los padres que pierden a un hijo es la negación. No enfrentan el hecho ineludible de que el hijo ya no está. Podría darse el caso de que uno lo acepta de forma más realista que el otro y eso también puede ser fuente de conflictos entre la pareja.

 Asumirse como víctima ante la muerte de un hijo. Muchas personas actúan como si su dolor fuera más intenso que el de su pareja. En las culturas centradas en la madre, esto suele ocurrir con más frecuencia en mujeres que actúan como si fueran las únicas dolientes o que su sufrimiento fuera más importante, por ser madres. Eso es ilógico, infundado, falso, injusto y dolorosamente cruel con la pareja. Todo padre sufre el dolor por la pérdida de un hijo, y no tiene ningún sentido racional comparar el dolor de cada uno.

MEJOR DOS QUE UNO
 … También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas, ¿cómo se calentará uno solo? (Eclesiastés 4: 9- 12) 

Olvidarse de ser pareja ante la pérdida de un hijo : “Cuando la pareja es fuertemente conmovida por la muerte de un hijo, es comprensible que cada uno de los padres esté sumergido en su propio dolor y que la relación de pareja no esté, en ese momento, en el primer lugar de sus preocupaciones”  (Carlos Bianchi, Psiquiatra) 

 Algunas sugerencias: Pensar que resultará muy difícil sobrellevar esta situación solo. No pretender tampoco que la pareja se convierta en el principal soporte afectivo, bastante tendrá muchas veces con lo suyo... Buscar pues personas de confianza con quien compartir el dolor. Procurar mantenerse lo más unido posible a la pareja, apoyarse mutuamente, respetar el ritmo y la manera de llevar el duelo del otro. Puede ser que se esté pasando, por ejemplo, por una etapa en la que se prefiere estar solo o con los más cercanos, y que se quiera a la gente para no tener que hablar del hijo, y en cambio, a la pareja, le esté ayudando exactamente todo lo contrario. ¿Cómo conciliar las necesidades de ambos si la pareja está acostumbrada a hacerlo todo juntos, por ejemplo? Es necesario paciencia, comprensión y creatividad para introducir cambios en la forma de vivir que permita seguir adelante sin añadir más dolor al dolor.

Muchas parejas no entienden que cuando el funeral pase, cuando los pésames ya no estén, que cuando los amigos y familiares se marchen,  solo se tendrán el uno al otro. Por lo tanto, es importantísimo acompañarse y servir de apoyo uno al otro. Lo necesitarán para más adelante, y para no alterar su proyecto de vida. Tratar el dolor de manera adecuada, puede ayudar a la pareja a afianzarse mutuamente. Cuando es lo contrario, se corre el peligro de enterrar tanto al hijo, como al matrimonio. Cada persona vive su dolor y manifiesta sus emociones y necesidades de manera diferente. Entenderlo, conversarlo y respetarlo, es primordial, para evitar conflictos y sufrimientos anexos al dolor de perder a un hijo.

 Los otros hermanos. La pareja puede estar tan afectada por su propio dolor, que descuide a los otros hermanos. Ellos también sufren intensamente la pérdida, y pueden sentir una fuerte necesidad de desahogarse y de ser consolados. Hablar del fallecido y compartir el dolor por la pérdida, puede ser la mejor manera de ayudarse unos a otros y afrontar saludablemente el proceso del duelo.

CUÁNDO PEDIR Y OFRECER AYUDA
Si veis que os estáis alejando el uno del otro y que vuestra relación se deteriora día a día, no dudéis en pedir ayuda a un profesional, para que os asesore y os ayude a enfrentar las dificultades que estáis atravesando. No es fuerte el que no necesita ayuda, sino el que tiene el valor de pedirla cuando la necesita.

Ofrecer apoyo psicológico y espiritual es fundamental en estos momentos tan dramáticos de la pareja para permitirles expresar sus sentimientos y emociones con libertad, ayudándoles a eliminar conductas nocivas, a fortalecer su relación y a identificar pensamientos irracionales que puedan estar interfiriendo en la resolución del duelo. En definitiva, ayudarles a encontrar de nuevo, un sentido a la vida.  (Léase:  Acompañando en el Duelo )

 Gina Campalans: Presidenta de la Asociación de ayuda al Duelo: “Decir Adiós” (Nota: Todas aquellas personas interesadas en participar o colaborar de alguna forma con este proyecto, o bien que quieran recibir asesoramiento en forma de charlas, conferencias o talleres, pueden ponerse en contacto llamando al teléfono: 687418875 o escribiendo a ginacampalans@gmail.com) 
 

Autores: Gina Campalans